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Por Germán Martínez Cázares
"El PAN -aconsejó Octavio Paz- debe cuidarse del gran enemigo, destructor de ciudades, imperios y familias: las divisiones intestinas, las luchas personalistas" (Vuelta 215, octubre 1994). Palabras de doble filo: uno, estrictamente doméstico, cuidar la unidad panista; y otro, totalmente externo: no depositar la fe panista en una persona.
Las rencillas y traiciones han sido algunas causas de las últimas derrotas electorales. Un partido político con pleitos, ni se gobierna adentro, ni puede generar confianza para gobernar afuera.
Pero la otra recomendación de Octavio Paz es más útil e interesante: el PAN no puede jugar una lucha personalista, individual. Prefirió la eficacia institucional de Manuel Gómez Morin, al entusiasmo personal y efímero de José Vasconcelos. Un solo miembro, aunque sonría y tenga abolengo, no puede sustituir el esfuerzo de todos. Un apellido, una imagen, una cara; no son rumbo de país, ni mucho menos, plan de gobierno.
El relevo en la presidencia nacional del PAN es ocasión propicia para seguir la encomienda de Paz. El nuevo jefe del PAN será árbitro para elegir candidata o candidato a la Presidencia (evitar riñas), pero también celoso guardián de la "idea panista" (sacudir personalismos).
¿Cuál es esa idea? La idea de libertad. Creo que uno de los mayores problemas panistas radica en su temor a la libertad. El PAN debe comprometerse, sin miedo, con un Estado de derecho que defienda la libertad individual, la propiedad privada y, ¿por qué no?, la economía de mercado. Condenar las interferencias y obstáculos entre la tarea de gobierno y el desempeño ciudadano debe ser bandera panista.
La herencia liberal mexicana no tiene depositario político. Parece huérfano el pensamiento que define al Estado como garantía de desarrollo individual libre de los ciudadanos.
En materia social y económica, debemos cambiar el objetivo de combatir la pobreza por la meta de alentar la creación de riqueza. ¿Por qué aceptamos el canto de las sirenas asistencialistas? ¿Por qué, por ejemplo, irrigar al campo con costosos subsidios que impiden liberar sus potencialidades y engordan a los líderes campesinos?
En el PAN, confundidos, le gritamos por igual "vivas" al colectivismo de Zapata y al liberalismo de Francisco I. Madero. Nos parece normal la oposición a obras de infraestructura sin reparar en los empleos naufragados. Estamos, peligrosamente, convirtiendo a nuestros diputados y alcaldes en suplicantes gestores que estiran la mano al dinero público federal.
Mientras el PAN no ataque de raíz esa manera de hacer gobierno su futuro estará nublado. La dádiva gubernamental, la subvención excesiva, la despensa sin control, el reparto de enseres, etcétera, son el caballo de Troya que trae de regreso al PRI y a esa práctica antiliberal de las servidumbres político-electorales. Ciudadanos transfigurados en súbditos.
Carlos Castillo Peraza criticó con fuerza el mito del desarrollo social sin libertad. Colocó a la construcción de ciudadanía como vértebra política. Reprochaba las prácticas de gobierno irresponsables de animar "derecho-habientes", sin hacerse cargo de la demanda de "deber-habientes" del país. Civismo contra populismo.
Estamos convirtiendo a los ciudadanos en "profesionales de la supervivencia", decía Castillo. El caldo de cultivo de esa supervivencia es el abandono de la libertad y de las leyes, la desinformación, los privilegios, la simulación y mentira paternalista.
"El correlato del ogro paternal es el borrego filial. Para gozar el riesgo de vivir, nos es preciso renunciar a la miserable seguridad de sobrevivir", sentenció Castillo. El PAN tiene 10 años en el poder, el próximo jueves también 10 sin Castillo Peraza. ¿Ya renunciamos al malabarismo pírrico de la sobrevivencia? ¿Ya renunciamos a inflamar clientelas con las siglas del PAN? Creo que nos falta Castillo Peraza.
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